Eduardo Gregório

 

Los primeros 14 años de vida fueron vividos en la calle de São Bento, 245, colindante con el número, 193, (residencia oficial de Amália Rodrigues), a dos pasos del “Congreso de los Diputados” (Assembleia da Republica), centro del poder político de Portugal y residencia oficial del primer ministro de entonces (Dr. Salazar), Lisboa, Portugal. Calle que funciona de linea divisoria de dos importantes barrios conectados con la “Cultura Fadista” del siglo XIX y XX, “Madragoa” y “Barrio Alto”, el dignificante y el degradante. Etapa caracterizada por dos grandes fuerzas: cultura oficial (clásico/religioso) y cultura de barrio (subversiva), formando un contexto impropio para críos, pero era el inicio de forjar una carrera como guitarra eléctrica en el grupo “The Cyclopes” del colegio.
Le sigue la revolución de los claveles que produce cambio de régimen político (izquierda) ocasionando una abertura radical a todo cuanto estaba prohibido, favoreciendo el desarrollo de la cultura sumergida, convirtiéndose el Fado en instrumento de culto de la sociedad portuguesa con la proliferación a todas las áreas de la cultura en perjuicio de las tabernas y locales recreativos de barrio como exclusivo. Los teatros de revista y la tele se suman a potenciar el fenómeno con la enseñanza, divulgación y contacto directo con el gremio fadista.
A los 17 años, ingreso en la Banda de Bomberos Voluntarios de Carcavelos como saxofonista, manteniendo una relación de amistad con un compañero fadista me invita a tener las primeras lecciones de “Rebeca” (guitarra semejante a la guitarra española) en la Asociación São Vicente de Fora, no teniendo el progreso que se esperaba por la incompatibilidad horaria y la distancia, compensado después, con la admisión en la escuela de música del maestro Duarte Costa, localizada en la Av. João XXI, Lisboa.
El saxofón sigue siendo el instrumento de referencia dando entrada, en años posteriores, en la escuela de Jazz del Hot Club de Portugal hasta al cuarto ciclo, paralelamente con el Coro São Domingos de Rana, participo en diversos conciertos en la ciudad de Lisboa y Oporto, como también en tres grabaciones en disco (dos en Portugal con la banda “The Unseccessfull” y España para “Rock Pálido”), a par con la actividad de músico también impartí clases de música a los ciclos del 3º y 4º de primaria en dos instituciones educativas en el municipio de Cascais, seguido de una parada de 16 años por cuestiones profesionales.
En España (Granada), el vínculo con los centros formativos (escuela de idiomas, artes y oficios, facultad de educación) y el contacto con la gente del arte, dictaminó el retorno a la música en calidad de instrumentista de pulso y púa con la guitarra portuguesa en el transcurso del año 2011, en dos fases:
1º Ingreso en la “Agrupación Musical Andrés Hidalgo” como instrumento diferenciado de las demás guitarras de Pulso y Púa, después en el “Sol y Mar” con la maestra Lola, años: 2012 y 2014.
2º Años siguientes, la “Guitarra Portuguesa” se transforma en proyecto con el nombre, “Faducho Andaluz”, cuyo objeto es ofertar a mis paisanos granadinos, avatares de la sociedad portuguesa inscriptos en la “cultura fadista”.
Aunque el nombre del proyecto suscite controversia o provoque cualquiera otro tipo de interpretaciones que conlleve a la fusión o unión de ambas culturas, todo lo contrario. El “Faducho Andaluz” se propone defender la diversidad y pluralidad cultural, solamente por la contextualizacion y comprensión de los contenidos, como de la coexistencia con los demás géneros que cohabitan en nuestro entorno (tango, mariachi, jazz, rock...), además de ofertar una visión diferenciada a la interpretación de cultura autóctona confirmado en el saber popular:
No puedo saltarme referir la autoformación, de igual importancia, resultante del contacto directo o indirecto con los grandes maestros que reciben toda mi admiración: Carlos Paredes, Duarte Costa, Amália Rodrigues, Alfredo Marceneiro, António Victorino de Almeida, José Atalaya, Emmanuelle Nunes, Maria João Pires y otros del panorama internacional.
Como nota final, reforzar la importancia de este trabajo en la potenciación del desarrollo intelectual, el enriquecimiento del patrimonio cultural en lengua castellana (lengua, literatura, conceptual, social, documental, ...) y en la promoción de la coeducación dentro y fuera de los centros educativos.

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¿A qué suena la tierra?